Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo. Benjamin Franklin.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Lo que no se ve...

Nos hemos adentrado en un tema complicado en las últimas semanas de clase, donde, para tratar de comprenderlo, no basta con explicar lo leído, sino que hay que reflexionar acerca de ello.

Hemos dado el currículum, formado por la interacción de sus cuatro niveles:  El currículum explícito, encubierto, nulo y oculto. Y es en este último, en el currículum oculto, donde se sitúa ese complicado tema en el que hemos entrado de lleno: Los valores y las ideologías.

El término currículum oculto fue creado por Jackson en su libro "La vida en las aulas", y hacía referencia al potencial de la escuela y de los profesores para "trasmitir conocimientos, valores y creencias que no se encuentran reflejados en el currículum oficial", hace referencia a aquellos mensajes que se mandan de manera inconsciente.

Viñeta de Tonucci
El profesor está en continua interacción con el alumno y, aunque más de uno lo prefiriese, su tarea no consiste sólo en enseñar la materia. Aunque el profesor no quiera, inconscientemente está educando al alumno en ciertos valores, concretamente, en sus creencias. No se puede, por tanto, separar la ética personal de la profesional. Que la personal no se manifieste, e influya de manera totalmente oculta no significa que sea menos efectiva. A través de la observación, de la repetición de las normas, de la utilización del lenguaje, de adoptar unas costumbres... etc Acabamos asimilando una forma de ser y de pensar.

Siempre he oído que los profesores deben evitar que sus pensamientos e ideas "salgan a la luz" en clase, para no influenciar a los alumnos. Esto hizo que me preguntara si lo correcto sería evitar este tipo de currículum oculto de la manera que fuese, ya que los valores que los profesores inconscientemente trasmiten pueden ser negativos.

Buscando información sobre este tema me topé con este artículo de Miguel Ángel Santos Guerra "Currículum oculto y aprendizaje en valores", que nos explica de una manera muy amena y concreta lo importante que son los valores en la educación, es más, y pienso igual que él uno vez leído el texto, sin valores no se puede hablar de educación, sino de instrucción, ya que "la auténtica educación, hace referencia a todas las vertientes del individuo, y no puede omitir la dimensión moral". Pero con esta frase Santos Guerra no quiere decir que la educación moral se haya de convertir en una asignatura más, ya que entonces se explicarían pero no se aprenderían.
"Yo creo que cuando uno tiene que enseñar algo es porque ese algo no surge solo en la vida. Por ejemplo, el niño aborigen australiano va con la mamá o con el papá por el desierto o por la selva, recolectando algo o reconociendo el lugar. Lo va recogiendo o va reconociendo el lugar en el momento de vivirlo. Entonces no se le está enseñando. No se le habla de una cosa que tiene que venir después, sino que está viviéndola allí. Ahora, si yo no tengo la posibilidad de ir al desierto para ver allí la roca que corresponde al lugar donde el ancestro hizo tales cosas…, y estoy en la sala de clase, voy a tener que hablar de eso. Voy a tener que enseñar sobre esa roca que es un hito fundamental en la historia ancestral. Tenemos que enseñar porque aquello que enseñamos no lo estamos viviendo. Yo creo que ese es el verdadero problema con los valores" (Maturana, 1999)

La escuela ha de vivir los valores, por lo que el currículum oculto no es algo negativo siempre y cuando los profesores sean "ejemplos de ciudadanos honestos, comprometidos, solidarios, tolerantes y sensibles, ya que es probable que los alumnos hagan suyas las concepciones, las actitudes y los comportamientos de sus maestros. Porque los alumnos aprenden a sus profesores, no solamente de sus profesores."

Es muy importante por ello reflexionar sobre el currículum oculto, ya que, a través de él se trasmiten ideologías como el sexismo, el culto a la delgadez, el mesomorfismo... etc. ideologías que no son positivas para el alumno. Debemos conocer este currículum oculto, para poder educar de manera adecuada a los alumnos.



Por último, os dejo otro artículo de Santos Guerra titulado "Democracia escolar o el problema de la nieve frita", donde reflexiona si es posible educar unos valores que la sociedad luego no contempla.





A veces, es más importante lo que no se ve que lo que podemos apreciar a simple vista.

 

domingo, 9 de diciembre de 2012

La Escuela y el Maestro.

La semana pasada, Víctor nos hizo referencia a Paulo Freire, concretamente, a lo que él llamaba la "cultura de la queja" y la "cultura de la transformación".

Todo vino porque en la clase práctica, mi grupo hizo referencia a la escena de "Mal de Escuela" donde Pennac critica a esos profesores que no dejan de decir que "no les han preparado para ello" o "ya hago todo lo que puedo". Profesores que entran dentro de esta cultura de la queja, donde en vez de buscar una solución a los problemas ponen excusas. Por contra, el profesor Kanamori, presentado por nuestra compañera Patricia en su blog, entraría dentro de esa cultura de la transformación a la que Freire nos hace referencia. Un hombre que mediante su materia y sus métodos transforma al alumno, hace que vean de manera diferente la vida.

Buscando información de Paulo Freire encontré un libro, escrito por Moacir Gadotti, titulado "La Escuela y el Maestro: Paulo Freire y la pasión de enseñar", que quiero compartir con todos vosotros. Este libro nos relata la pasión que debe tener el educador al enseñar mientras nos da un paseo por las ideas de Paulo Freire y la formación del hombre global.

Lejos de ser pesado y complicado, como casi todos los libros que tratan las ideas de algún autor, Moacir consigue que disfrutes de la lectura mientras te vas empapando de las ideas de Freire, de su visión de la escuela, de los maestros y del poder de la educación.

El capítulo que más me ha gustado ha sido "Educar en la ciudad que educa", donde nos habla del proceso de humanización de Paulo Freire y su principal preocupación: "cambiar el mundo a través de la educación, de la educación política".  Esta parte del libro trata justo sobre esa cultura de la transformación, y nos plantea un cambio en la sociedad, en las estructuras económicas, políticas y sociales, como resultado del cambio del ser humano a través de la educación, ya que la propia ciudad en sí también educa, y nos habla de otro tipo de cultura, de la cultura del silencio, resultado de la sociedad opresora, donde los hombres y las mujeres no pueden reflexionar y tomar decisiones, no pueden expresar sus emociones.

Un libro sencillo, ameno y humilde, que te llena de ganas de enseñar de una manera increíble y que considero que es necesario para poder debatir los grandes problemas que hay en nuestro sistema educativo.

"En general, ignoramos la ciudad, tenemos una visión tan estrecha que no la vemos, y algunas veces hasta la escondemos, le damos la espalda para no ver ciertas cosas que suceden en ella. No queremos ver ciertas cosas de la ciudad para no comprometernos con ellas, pues al verlas nos comprometemos. Veamos nuestro comportamiento en los semáforos cuando se nos acerca algún niño o niña de la calle: nuestra defensa es no verlos a los ojos. En la ciudad tratamos de hacer que muchos seres sean invisibles; hasta en nuestras propias casas, cuando tenemos visitas y les estamos mostrando la casa, no les presentamos a la empleada doméstica o a la asistente de limpieza que allí trabaja. Les pasamos por el lado como si fuesen transparentes. Necesitamos una pedagogía de la ciudad que nos enseñe a ver, a descubrir la ciudad para poder aprender con ella, de ella, para aprender a convivir con ella. La ciudad es el espacio de las diferencias. La diferencia no es una deficiencia. Es una riqueza."
 



 
Hay un blog, llamado educa09, del cual ha sido cogida esta imagen, que tiene entradas muy interesantes sobre Paulo Freire.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

El problema dentro del problema.

En "Educación física, movimiento y curriculum" Arnold nos da una clara explicación de cuando el movimiento es educativo: Cuando "las experiencias que ofrecen a los participantes son placenteras e intrínsecamente satisfactorias porque les asignamos una clara intencionalidad educativa, cuidamos las relaciones sociales en dicho contexto y las desarrollamos en condiciones moralmente aceptables" (Devis 2011).

No voy a pasar a resumir lo leído en su libro o en el artículo "Sobre el valor educativo de los contenidos de la educación física"de José Devís y Carmen Peiró, ni tampoco a refutar sus ideas, ya que no tengo la formación suficiente para hacerlo y, porque, simplemente, estoy de acuerdo con lo que dicen. Lo que voy a tratar de exponer son las preguntas que me han venido a la cabeza al terminar de leer las lecturas y después de todo lo comentado en clase.

Imagen cogida del blog "El blog didáctico de Educación Física"
Si hablar de educación ya es un tema complicado, más lo es cuando se trata de educación física. Y un problema está relacionado con otro. Nuestra asignatura, a la que nos dedicaremos en el futuro, está socialmente desprestigiada, es considerada como un recreo más, donde los alumnos se cansan y van relajados, calladitos y obedientes a la siguiente clase. ¿Alguna vez alguien ha suspendido Educación Física? y si la ha suspendido ¿Los padres se han preocupado por ello? No lo creo. El problema está que la gente no sabe que se aprende en las clases de educación física, y esto es grave, pero lo es todavía más que nosotros, los profesores, no sepamos que se enseña en la clase de educación física. Y esto lo digo por experiencia, en el instituto, concretamente en 3º de la ESO, mi clase tenía un profesor de educación física, y la clase de al lado, otro. Las cosas que dábamos eran totalmente diferentes, no había relación por ningún lado, cada uno impartía lo que quería. Esto me dio a entender que a pesar de los objetivos específicos que se supone que La Ley Orgánica de Educación establece, no hay control alguno. Si está estipulado que los alumnos de tal año tienen que saber cuando, como y por qué ocurrió la Revolución Francesa, todos los profesores de este país darán ese temario, pueden variar los métodos, pero el tema es el mismo para todos. En educación física no ocurre lo mismo, por el hecho de que en nuestro campo no se ha llegado a un consenso sobre cómo y que educar.

Que el movimiento es educativo es algo que está claro. Y está afirmación Arnold la argumenta con tres dimensiones interrelacionadas entre sí: La educación sobre el movimiento, la educación a través del movimiento y la educación en movimiento. De todas ellas, la que más me ha llamado la atención ha sido la educación a través del movimiento.

Esta dimensión nos habla del movimiento como propósito utilitario, es decir, esta relacionados, indirectamente, con valores extrínsecos como la estética, la salud, la ocupación del tiempo libre... Y es a raíz de un comentario que ha hecho Víctor, lo que ha captado mi interés: La educación física, hoy en día, está relacionada con la salud, concretamente con el problema de la obesidad infantil.

¿Somos nosotros los encargados de hacer que el niño adelgace o de enseñarle a comer bien? No. La respuesta es clara. Si la sociedad nos está encargando ese problema es porque considera que en Educación física no hay objetivos o que no es importante, si lo fuera, no lo harían, a nadie se le ocurre decirle a los profesores de biología que enseñen a sus alumnos a hacerse una dieta sana.

En mi opinión hemos entrado en un circulo vicioso del que es muy difícil salir: La gente no considera a la educación física como algo importante, porque piensan que no se aprende nada, o que, lo que se aprende, no es de importancia, y unas de las razones por las que todavía forma parte de la escuela (cada vez menos, en bachiller ya no es obligatoria) es porque es útil para otros aspectos, como el de la salud, que no es la meta de esta profesión, por lo menos, no la actual como ha indicado Víctor, por lo que los contenidos dejarían de ser educativos, y vuelta a empezar.

Entre todos debemos de solucionar esto, llegando a un consenso sobre que es la educación física, que se imparte, como y porque, sino lo hacemos, por extensión, la primacía de las "asignaturas mentales" se mantendrá, y, con ello el problema del sistema educativo.

sábado, 1 de diciembre de 2012

El zoquete: ese gran desconocido.

Una vez terminada la "semana Pennac" creo que es conveniente reflexionar sobre todo lo que nos ha aportado este libro.

Al principio, para ser sincera, se me hizo un poco cuesta arriba este libro. Pennac tiene una manera de redactar muy particular, muy diferente a cualquier otra que haya leído antes, y me costó conectar con él. Pero una vez que te acostumbras, te das cuenta de que lo verdaderamente importante no es cómo cuenta las cosas, sino lo que cuenta.

Hay muchos libros que hablan del mal alumno, como es, como captar su interés, como convertirlo en un alumno ejemplar, pero nadie habla desde la perspectiva del mal alumno. Hasta que llegó Pennac. Por primera vez, un zoquete iba a hablar de su experiencia. Y de cómo dejó de serlo.

Esto fue lo que me llamó la atención del libro, y, entre otras cosas, lo que más me ha aportado: El conocimiento del mundo del zoquete. Yo nunca he sido una mala alumna. Mis padres nunca han tenido problemas conmigo, por lo que, desconozco totalmente ese mundo. Pero, como todos, yo he tenido compañeros en clase a los que se les puede designar perfectamente con el término "zoquete".

Hasta la lectura de Mal de escuela, para mí, la gran mayoría de estos zoquetes, eran inaguantables. Consideraba que si no hacían los deberes era porque no les daba la gana o si hacían comentarios estúpidos en clase era porque no tenían educación alguna. Pennac me ha enseñado que, tras ese comentario estúpido, hay alguien que está pidiendo que le atiendan, que, tras esos deberes en blanco, hay alguien frustrado por haber estado horas delante del cuaderno y no haber conseguido hacer nada.

Mal de escuela nos muestra diferentes situaciones con las que nos podemos identificar. Recuerdo que, cuando mis profesores realizaban una pregunta día sí, día también, y alguien no sabía responder, pensaba que lo hacía aposta. Nunca  me paré a pensar que el problema era mayor. También me he identificado con otras partes del libro, como cuando los alumnos de Pennac competían entre ellos para ver quién recitaba tal poema. Como indiqué en el post posterior, en mi clase hacíamos lo mismo.

Quiero resaltar una parte que me llamó mucho la atención y me ha hecho reflexionar: A Pennac le salvaron los libros. A pesar de que en su casa se leía mucho, él empezó a leer porque, en aquel entonces, estaba mal visto, de hecho, estaba prohibido. Necesitaba un mundo, y, como el de los libros estaba prohibido, fue ese. Me pregunto si los Maximilien de hoy en día, esos zoquetes llevados al extremo, los que fuman, beben y se drogan, necesitaban un mundo, y el prohibido era ese, uno que, a diferencia del de Pennac, no les salvará.

Daniel Pennac me ha aportado mucho, y, como indica Víctor en su blog, considero que Mal de escuela es mucho mejor que cualquier libro de texto que trata el tema de la educación.



 


















Imagen cogida del blog aupaedurne se va de paseo. Sería interesante que le echarais un vistazo, ya que se explica el significado de esta viñeta.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Stenhouse, más cerca de lo que pensamos.

Leyendo los principios de procedimiento de Stenhouse me he dado cuenta de que, aquellos profesores que me marcaron, aquellos que de verdad me enseñaron, los utilizaban.

Me he acordado de mi profesora de historia, de como consiguió que una clase entera, en la cual una gran parte "odiaba" la asignatura, acabara el curso sabiendo todo los sucesos históricos que van desde la Revolución Francesa hasta la Guerra fría. Y no lo consiguió a base de deberes o de examenes. No. Lo consiguió porque nos enseñó a pensar, a que buscáramos nosotros mismos las causas y las consecuencias de los hechos. Organizaba debates en clase, donde, por ejemplo, unos representaban las ideas conservadoras y otros las ideas ilustradas, y debíamos defender nuestras ideas y derechos. Para ello teníamos que conocer nuestro papel, leyendo, buscando información, planteando dudas y resolviéndolas. Puede parecer algo pesado, y, al principio, lo era, pero acabamos todos deseando que llegaran esos debates que se realizaban al final de cada tema, competíamos entre nosotros por ver quién tenía la mejor argumentación.

Otro profesor que utilizaba estos principios de procedimiento fue mi profesor de castellano, que, muy parecido a como hace Pennac con sus alumnos (me pregunto si se habrá leído el libro), nos "obligaba" a memorizar textos de ciertos libros. Pongo obligaba entre comillas porque, al principio, si, fue una obligación, pero poco a poco le fuimos cogiendo el gusto, y eramos nosotros mismos los que proponíamos ciertos párrafos que leíamos. No consistía sólo en memorizar el texto, sino en saber lo que decía, en como eran utilizados los recursos por el autor y cual era su objetivo. Han pasado ya más de tres años y todavía de vez en cuando mis compañeros y yo nos retamos a recordar cierto texto.

Muchos más profesores que tengo en mente se basaron en Stenhouse, y, casualidad o no, son justamente aquellos con los que más aprendí. Pero no hace falta que me vaya a mis tiempos del instituto para encontrar los principios de procedimiento, aquí, en la universidad, aunque sólo llevamos año y medio, ya podemos decir un par de nombres. Profesores que nos invitan a debatir, a buscar y a reflexionar sobre cierto tema.

Contestando a la pregunta que nos realiza Víctor en el blog, a mi me gustaría que en clase, concretamente, en mi clase del futuro, se diera lo que había en el aula de mis profesores. Que el alumno estuviera presente, física y mentalmente, activo, con ganas de aprender, de reflexionar sobre el tema a tratar, que buscara información y formulara preguntas e hipótesis, que encontrara la causa y la consecuencia de las cosas. Esto es lo que me gustaría, y, lo que creo que también es deseable que ocurra, ya que, en mi corta experiencia, creo que es la manera de que de verdad se aprenda, de conseguir que los alumnos mantengan lo dado en clase más de lo que dura un examen, que pase el tiempo y perdure.

Esto debe conseguirlo el profesor, poner todo su empeño en ello y no desistir, ya que, es muy probable que el alumno, al principio, no se lo ponga fácil, pero a largo plazo, lo agradecerá.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Lo confieso: Soy profesora.

Fuente: www.e-faro.info
Día a día nos vamos dando cuenta de lo difícil que es ser profesor. No sólo tenemos una obligación, sino que, como bien indica la viñeta que nos puso Víctor en clase, cada vez nuestra profesión significa más cosas, y la gente da por hecho que en la escuela deben de enseñar al niño a no ser maleducado, egoísta, malhablado.. etc lo que es cierto, pero que tiene que ir unido a una educación en casa que en muchos casos, por desgracia, no se da. Y cada vez está más desprestigiada. Recuerdo como, hace un año, justo antes de empezar la universidad, mi abuela me preguntó que iba a estudiar y para qué, cuando le contesté que me iba a dedicar al deporte, y, concretamente a ser profesora de educación física, la buena mujer me miro con cara de no comprender nada y me preguntó: "Con el cerebro que tienes tú, ¿No preferirías ser médica o abogada?". Lo de siempre. Un profesor no tiene la categoría de un médico.
¿Como se ha llegado a esta situación? Todo el  mundo echa la culpa al de al lado. Los profesores, a las familias, las familias, a los profesores, y todos, al gobierno en cuestión por no saber que hacer con este sistema educativo que cada vez se hunde más. Pero pocos buscan que están haciendo mal ellos.

Los alumnos respetan cada vez menos al profesor, y es esta perdida de autoridad lo que ha hecho que la profesión se desprestigie, llegando a considerarse incluso de segunda clase. La perdida de autoridad la propician, por regla general, los propios padres, lo cuales realizan comentarios delante de su hijo, desprestigiando o insultando al profesor.

Hoy en día todo el mundo discute con el profesor sobre lo que imparte, o como lo imparte, sin embargo nadie le dice lo mismo a un cirujano, o a un bombero mientras apaga el fuego. Esto es, en parte, porque todo el mundo se siente capaz de educar, y seguramente lo ha hecho alguna vez, ya sea con su hijo, su madre, su hermano, su primo, su amigo...etc. pero nadie se siente capaz de apagar un incendio.

Las familias tienen parte de culpa en este desprestigio, pero la gran parte nos la llevamos nosotros, los docentes. Cada vez hay más docentes, porque hay más personas que quieren llegar a ser profesor. Pero no porque se trate de una verdadera vocación. A muchos les mueven las palabras "vacaciones", "sueldo" y "trabajo estable". A otros tantos, aunque parezca irónico, lo que les llama es este desprestigio: Como no sé que hacer y esto no es muy difícil, me meto a estudiar magisterio. Al final tenemos una cantidad de profesores desmotivados, ya que no saben como hacer que "la panda de alumnos que me han tocado aprendan", o, por el simple hecho, que ese trabajo no les gusta, aunque tampoco les disgusta, ellos dan su clase y quién aprenda bien, quién no, el año que viene será problema de otro profesor.


Fuente: www.e-faro.info

Es increíble como se ha llegado a esta situación. ¿Como se ve tan normal que una persona que no sabe que hacer se meta a magisterio? A nadie se le ocurriría aconsejar a un amigo que, sino saber que hacer, se meta a médico, porque con la salud de la gente no se juega, ¿pero con la educación sí?. Obviamente, todo el mundo contesta a esa pregunta que no, pero luego los hechos son muy diferentes.

Philip Jackson indica en "La vida en las aulas" lo siguiente: "La asistencia de los niños a la escuela es, en nuestra sociedad, una experiencia tan corriente que pocos de nosotros nos detenemos apenas a considerar lo que sucede cuando están allí."

Tenemos que cambiar esta situación entre todos. La sociedad tiene que respetar la figura del profesor, ya que es tan importante como la de un médico o un ingeniero. Pero para ello debemos de empezar creando profesionales, con una verdadera vocación. De igual manera que no se "permite" a cualquier persona ser médico, no se debe "permitir" a cualquier persona se profesor, y esto es algo que tienen que hacer los de "arriba", reformando el sistema educativo y dándole prioridad y prestigio. Pero mientras esto ocurre, somos nosotros los que tenemos que ir haciendo el camino.
                                                                













Me gustaría terminar con la adaptación de un poema de Marciano Durán, que vi en el blog "Historias de un maestro cualquiera".
"Esos locos que enseñan. Yo los conozco. Los he visto muchas veces. Son raros. Algunos salen temprano por la mañana y están en el cole una hora antes, otros recorren todos los días más de 100Km de ida y otros tantos de vuelta. Están locos.
En verano les dan vacaciones, pero no desconectan del todo, piensan en sus clases, preparan tareas para el curso siguiente. En invierno hablan mucho, siempre llevan caramelos de miel y limón en los bolsillos, otros con una botella de agua a su lado. Su garganta siempre está dolorida, pero siguen enseñando, a veces fuerzan su voz, pero siguen transmitiendo sus conocimientos con cariño e ilusión.
Yo los he visto, no están bien de la cabeza. Salen de excursión con sus alumnos y se encargan de gestionar autorizaciones, recogida de dinero y responsabilidad extra. Qué será de ellos y ellas. Por la noche sueñan con el colegio, se les aparecen planetas, ecosistemas y personajes históricos. He escuchado que llegan cargados con cuadernillos y exámenes, que han corregido la tarde anterior en su casa. Son mujeres y hombres, casados, solteros,...de diferentes edades, pero a todos les apasiona su trabajo, ver crecer a sus alumnos, ayudarlos y conseguir de ellos ciudadanos competentes.
Los he visto muchas veces. Están mal de la cabeza. Algunos dicen de ellos que viven muy bien, pero les han recortado el sueldo y siguen trabajando incluso más que antes, algunos no miran ni su nómina porque su pasión por la enseñanza los hace ciegos a pensar en el cobro. Disfrutan con lo que hacen, aunque haya padres que los discutan y les quiten autoridad, ellos siguen hacía adelante. Están mal; por las tardes quedan para hacer cursos de formación y no les importa perder tiempo de su ocio para reciclarse. Dicen que son autocríticos y que hacen balance de sus experiencias educativas, que se frustran cuando no salen las cosas como esperaban, que se alegran cuando sus alumnos avanzan. Están mal de la cabeza, yo los he visto. Dicen de algunos que fueron muy importantes, que siempre tienen palabras de aliento; dicen sólo que son maestros y que se sienten muy orgullosos de serlo."
 
Si iaia, yo voy a ser profesora, porque no conozco una profesión mejor. Y porque a ese médico o a ese abogado que tanto admiras le educaré yo. 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Mamá Marketing

Atención: Este post contiene spoliers del final del libro de Daniel Pennac "Mal de escuela". Si no te lo has terminado de leer, no continúes leyendo.

Al finalizar su libro, Pennac nos ofrece una gran reflexión sobre como el consumo había llegado a la escuela. Hace una crítica a la sociedad, como se ha vuelto consumista sin apenas darse cuenta, haciendo caso de todo lo que diga "mamá marketing". Al terminar de leer esta parte del libro, se me vino un nombre a la cabeza: Lipovetsky.

La navidad es un gran ejemplo de este consumismo irresponsable
Para el que no se acuerde, Gilles Lipovetsky es el autor del libro que nos recomendó el año pasado un profesor nuestro: El imperio de lo efímero. En esta obra hace una reflexión sobre la moda, su influencia en la sociedad, como va cambiando a lo largo del tiempo y cual puede ser su progresión.

Pero es en "Los tiempos hipermodernos" donde más se centra en tratar el tema del consumismo. En este libro, se habla de como está hipermodernidad llevará a un hiperindividualismo, ya que el mundo se caracteriza por la invasión de las nuevas tecnologías y de un cambio del concepto de cultura. Hoy en día se habla de la cultura-mundo, caracterizada por la cotidianidad en el acceso a las redes sociales de manera inmediata, por el hiperconsumo, por los medios de comunicación y un capitalismo global. La cultura no puede separarse de la industria comercial. Y si esto es cierto (que bajo mi punto de vista, lo es) hay que educar a las personas para ello.

Buscando información sobre este asunto encontré un artículo titulado "Educación para el consumo". Vivimos en una sociedad donde podemos comprar por internet facilmente una cosa, usarla y tirarla, para luego volver a comprar otra. Como leí una vez, vivimos en "la era de lo desechable". En este artículo se trata este tema, e indican que la escuela debe educar a los alumnos sobre el consumo. Y estoy totalmente de acuerdo. No se puede evitar que la gente consuma, además de que no se puede, no se debe, ya que. el consumo, no es algo malo en sí, el problema es el consumo exagerado. Por ello hay que educar a los niños para que hagan un consumo responsable, conociéndose a sí mismo, sabiendo cuales son sus necesidades, sus preferencias, no dejandose engañar por mamá marketing. No es solo una cuestión económica, sino que, como indica Lipovetsky "El desarrollo de una cultura PSY (incremento del factor "psicológico"), el acceso democrático al lujo, y el hiper-consumo han provocado grandes desequilibrios internos en la relación del individuo consigo mismo". No podemos permitir que esto ocurra, que los individuos de la sociedad pierdan su libertad para tomar decisiones. Pero no sólo la escuela tiene que ejercer este papel educador sobre el consumo. Las familias son muy importantes, ya que, al final, los que compran las cosas son los padres, y los hijos se fijan en lo que ellos hacen, son sus modelos a seguir.

En los colegios o institutos se dan continuamente charlas sobre los perjuicios del tabaco, el alcohol, las drogas, el cuidado que hay que tener con las nuevas tecnologías... pero nunca se da ninguna (o por lo menos, a mi no me la han dado) charla sobre el consumo responsable. Quizás es hora de empezar a darlas, para que mamá marketing no nos siga comiendo.



Viñeta de Antonio Fraguas.